Las dos caras del Raval
La visita del alcalde no altera la rutina del barrio
R.S. - 20 /01/2005
BARCELONA
El Raval ofreció ayer al alcalde dos de sus caras. La primera, entregada al bisturí de una gran operación de cirugía estética que apenas ha comenzado, aún no se ve, pero ya se intuye. A Clos se le veía satisfecho explicando a los periodistas que le acompañaron en su visita de obras a la futura Illa Robador las maravillas del sistema de recogida neumática de residuos que pronto, y previo desembolso de no menos de 10 millones de euros hasta el 2007, se extenderá por el Raval. Una enorme aspiradora en la que desembocarán grandes tubos por los que, movidas por corrientes de aire, circularán bolsas y bolsas de basura a velocidades de hasta 90 kilómetros a la hora. Todo ello en un contexto de viviendas, oficinas, equipamientos y hasta un hotel de ensueño encajados a golpe de piqueta en el corazón de lo que un día fue el Barrio Chino. A medio centenar de metros de donde el alcalde mostraba sus planes para Ciutat Vella, en lo que aún queda de la calle Robador, otra cara del Raval,una que se percibe a diario con los cinco sentidos, se mostraba como en un escaparate al alcalde y su nutrido séquito. Jóvenes prostitutas africanas, proxenetas autóctonos y de otras etnias y gentes sospechosamente ociosas contemplaban la comitiva municipal bajo la vigilancia de la Guardia Urbana y de la Policía nacional. Desde un portal, una vecina integrada en el paisaje dejó escapar un "¡guapo, ven acá!" dirigido al alcalde con un cariño difícil de reconocer en las voces de otros ciudadanos que, cuando Clos enfilaba el camino hacia la plaza Gardunya, le invitaban a pasear de noche por el barrio. La visita de la primera autoridad de la ciudad no quebró en ningún momento la normalidad de las calles que delimitan la Illa Robador y ni siquiera perturbó al grupo de manteros que, como cualquier miércoles, llenaba a rebosar su f urgoneta de productos de dudosa procedencia.
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